Constanza
No puedo dejar de temblar mientras camino de un lado a otro dentro de la cabaña. Cillian quiere que me calme, pero le he dicho que se mantenga lejos de mí hasta que pase esa llamada.
Y es lo mejor. Lo último que quiero es que me toquen y reaccionar de una forma tan violenta que eso termine por afectar a mi bebé.
No puedo, simplemente no puedo arriesgarlo.
—Constanza, tienes que calmarte; sí vas a hablar con él —me dice Cillian desde la puerta, lugar que ha elegido para quedarse—. ¿Por