Constanza
Cillian se marcha completamente consternado y sin decir ni una sola palabra tras mi confesión. Parte de mí quiere detenerlo, pero no lo hago; me meto a la ducha intentando borrarme su maldito y adictivo olor.
Llena de pánico, me reviso la entrepierna, temiendo ver sangre, pero por suerte no es así. Mi bebé está a salvo por ahora.
—Maldita sea, ese silencio no me gusta nada —mascullo con frustración mientras me enjuago el champú.
O ya se resignó a que seremos solo amantes, o tal vez pla