Constanza
Aunque no quería dejarme llevar por el deseo, termino rindiéndome, completamente dominada por esas bajas pasiones que siempre me gobiernan cuando lo tengo cerca.
—Mi Constanza, mi dulce nena —me susurra al oído mientras se mueve dentro de mí.
Al final, hemos tenido que venir a la cama, donde su ropa desapareció como por arte de magia. Mi cuerpo arde de deseo, y me invade su aroma, su vigor, la fuerza con la que me sujeta.
Mis uñas se entierran en sus hombros y muevo con fuerza las cade