Capítulo 62. Jaque al enemigo.
El Hospital Ángeles era un mundo sumergido en un zumbido blanco y constante. Bruno Ávalos abrió los ojos.
La primera sensación no fue dolor, sino desorientación. El techo era blanco, la luz era blanca, y había un tubo de plástico en su nariz que olía a químicos. Intentó moverse, y entonces sí, el dolor llegó.
Fue como si la viga de acero volviera a caer sobre él. Un alarido mudo recorrió su caja torácica. Sentía el costado derecho envuelto en fuego y la espalda rígida por los vendajes apre