Capítulo 90. La vitamina del amor.
El sabor del chocolate amargo se mezcló con el beso.
Arthur no la soltó.
Su lengua barrió la boca de Camila, reclamando el dulce, reclamando su aliento, reclamando todo.
Fue un beso sucio, profundo, desesperado.
Camila sintió cómo la silla de teca crujía bajo el peso combinado de ambos. Estaba sentada a horcajadas sobre él, con el vestido verde subido hasta la cintura, y la fricción de la tela de lino del pantalón de Arthur contra su sexo desnudo era una tortura exquisita.
Sentía cada centímetr