Capítulo 88. Yo me encargo de tus necesidades.
La noche cayó sobre el Caribe como un manto de terciopelo pesado y caliente. No había brisa. El mar estaba en calma, un espejo negro que reflejaba la luna llena. Pero en la terraza de la villa, el aire vibraba.
Arthur había transformado el espacio. Las luces eléctricas estaban apagadas. Docenas de velas gruesas, de cera color marfil, estaban distribuidas por el suelo, las mesas y la barandilla, creando una atmósfera dorada y parpadeante.
Olía a cera derretida, a sal y a algo delicioso que ven