Capítulo 84. La marea sube.

Camila salió de la villa caminando rápido, casi corriendo. La arena blanca estaba ardiendo bajo el sol del mediodía, pero no se detuvo. Necesitaba distancia. Necesitaba aire que no oliera a Arthur.

El sonido de la tobillera de oro era constante. Clinc, clinc, clinc. Un tintineo burlón que acompañaba cada paso, recordándole que podía correr, pero no podía escapar. Llegó a la orilla del mar.

El agua turquesa lamía la arena con calma, ajena a su furia. Camila se detuvo, respirando agitada. El
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