Capítulo 80. Ahora me toca a mí.
El beso de Arthur era un asedio. No pedía permiso, lo tomaba.
Camila sintió que se ahogaba en su sabor, en el dominio de su lengua que exploraba cada rincón de su boca con una familiaridad perturbadora, como si hubiera estado allí mil veces antes.
Cuando él se separó, jadeante, sus ojos azules brillaban con una intensidad que la hizo sentir desnuda más allá de la piel.
—Quédate quieta —susurró contra sus labios—. Quiero mirarte.
Camila tembló bajo su mirada. Arthur se irguió sobre ella, arrodil