Capítulo 68. La visita nocturna.
El reloj digital del horno marcaba las 02:14 AM. El penthouse en Santa Fe estaba sumido en un silencio artificial, denso y presurizado, como el interior de un submarino a demasiada profundidad.
Las persianas de acero seguían bajadas, convirtiendo los ventanales panorámicos en muros negros que reflejaban la luz tenue de las lámparas de emergencia.
Victoria estaba sentada en la isla de la cocina, con una taza de té enfriándose entre las manos. No había bebido ni un sorbo. Llevaba puesta una bata