Capítulo 67. La llamada del tormento.
No iba a darle la satisfacción de preguntar quién era. Se quedó ahí, de pie, en medio de su sala, en penumbras, escuchando.
Al principio, solo hubo estática. Un siseo eléctrico.
Luego, una respiración. Lenta. Pausada. Divertida.
—¿Te gustó el regalo, Victoria? —preguntó la voz de Rogelio.
No estaba gritando como en la mañana. No sonaba desesperado ni borracho. Sonaba tranquilo. Una tranquilidad helada, la de alguien que ya cruzó la línea y descubrió que del otro lado no hay reglas.
Victoria si