Capítulo 65. El fantasma en el parque.
El niño levantó la cabeza, sorprendido. Al ver a su madre, su carita se iluminó.
—¡Mami!
Victoria no esperó. Saltó la pequeña barda de madera del arenero, enterrando sus zapatos de diseñador en la arena, y se lanzó sobre su hijo.
Cayó de rodillas y lo envolvió en un abrazo tan apretado que el niño soltó un pequeño quejido.
—¡Mami, me aprietas!
Victoria no lo soltó. Empezó a palparlo frenéticamente. Le tocó la cabeza, los brazos, la espalda, buscando sangre, buscando heridas, buscando algo roto.