Capítulo 59. Su mayor enemigo.
Quería borrarle esa sonrisa. Quería herirlo.
¡ZAS!
La mano nunca llegó a su cara.
Arthur la interceptó en el aire. Sus reflejos fueron instantáneos. Agarró la muñeca de Camila a centímetros de su rostro.
No apretó para lastimar, pero sí para inmovilizar. Su agarre era de acero.
—Cuidado, viuda —susurró Arthur, borrando la sonrisa. Sus ojos se oscurecieron—. No inicies peleas que no puedes ganar. Y menos estando semidesnuda.
—¡Suéltame! —forcejeó Camila.
Con la otra mano seguía sujetando la toa