Capítulo 60. El disfraz de la esposa.
Camila se echó agua helada en la cara por quinta vez.
Gotas frías le escurrieron por la barbilla, cayendo al lavabo de mármol negro, pero el ardor en sus labios no se iba.
Se miró en el espejo.
Tenía la boca hinchada. Roja. Mordida.
No parecía la viuda digna del fantasma Alejandro. Parecía una mujer que acababa de ser besada contra su voluntad y que, para su horror, lo había disfrutado.
—Estúpida —se siseó a sí misma—. Estúpida, traidora.
Se secó con una toalla de mano, frotándose la boca con f