Capítulo 33. ¡Él, si existía!
Mansión Ávalos.
El Aston Martin gris plata se detuvo frente a las rejas de hierro forjado con un ronroneo bajo y amenazante. Arthur Sterling bajó la ventanilla.
Llevaba gafas de sol oscuras para ocultar las ojeras de una noche sin dormir, torturándose con la posibilidad de ser padre y la posibilidad de ser un imbécil.
En el asiento del copiloto, descansaba una caja grande y elegante envuelta en papel plateado. Un set de construcción arquitectónica avanzada para niños. Era su "caballo de Troya