Capítulo 17. Una copa de veneno.
Renata lo miró. En sus ojos marrones, amplios por el pánico, se acumularon lágrimas que no se atrevían a caer.
Un temblor incontrolable se apoderó de sus manos. Bruno, con la sonrisa aún pegada a los labios, le tomó la mano que sostenía la libreta y la envolvió alrededor de la copa. Su contacto era hierro.
—¡Salud! —dijo Bruno en voz alta, alzando su propia copa de sake, desafiándola con una mirada que prometía consecuencias devastadoras si no obedecía.
Renata cerró los ojos. El olor era nause