Capítulo 100. La decisión del lobo.
Arthur, por su parte, cuando se levantó, entró a su despacho.
Cerró la puerta de madera pesada a sus espaldas. El clic de la cerradura sonó como un disparo.
No encendió la luz. Las persianas estaban a medio bajar. El cuarto estaba en penumbra.
Caminó directo al escritorio de caoba.
Su postura no era la de un hombre derrotado. Era la de un ejecutor. Cuando Arthur Sterling sufría, no lloraba. Destruía.
Y hoy, iba a destruir su propio matrimonio.
Tomó el teléfono satelital negro. Sus dedos se movi