“Flávio”
Por fin había llegado el día de la audiencia de divorcio. La espera se me hizo eterna. Llegué al juzgado ansioso, nervioso y preocupado. Ya casi era la hora, y Sabrina aún no había aparecido. Lo último que necesitaba era que esa mujer desapareciera el día de la audiencia.
—Doctor Romeu, si Sabrina no se presenta, ¿cree que el juez podría querer aplazar la audiencia? —le pregunté a mi abogado, sintiendo cómo aumentaba mi preocupación.
—Depende. Pero tenga la seguridad de que tengo buenos argumentos para que decida hoy; incluso hablé con él ayer. —El doctor Romeu estaba muy tranquilo; su voz no cambió y parecía imperturbable ante cualquier cosa.
Nos llamaron a la sala, y Sabrina seguía sin aparecer. Pero justo cuando mi abogado estaba a punto de empezar a discutir con el juez para que dictara sentencia de una vez por todas, Sabrina irrumpió en la sala acompañada de un abogado. —Esto es una pérdida de tiempo, Flávio —dijo Sabrina, quejándose al llegar.
—Dígale a su cliente que e