“Sabrina”
Ya casi era la hora de la maldita audiencia de divorcio, y ese imbécil del padre de Flávio todavía no me había dicho qué debía hacer. Lo único que dijo fue que debía estar preparada para ir o no.
Ahora que lo pienso, no debí haberle dicho que me habían citado a la comisaría. Después de ir y de que la policía me hiciera todas esas preguntas, César empezó a comportarse de forma diferente conmigo. Pero, ¿qué iba a hacer? No podía resolver este problema sola; no lo había creado yo sola, y