Manuela
—Vi a esa mujer subirse al taxi y marcharse, pero mis problemas estaban lejos de terminar. Miré a mi alrededor y parecía que todos esperaban que dijera algo, pero por suerte Melissa me entendió sin necesidad de que hablara.
—Llavero, ¿verdad? ¿Vas a hacer lo mismo que yo? —Melissa me miró fijamente, como buscando cualquier rastro de duda. Comprendió desde el primer momento lo que ya había decidido. Desde el día en que nos conocimos, Melissa se convirtió en algo más que una amiga; era como una consejera, algo así como una hermana mayor.
—Así es, Mel —respondí con bastante seguridad.
—¡Mmm! ¡Muy bien! Si necesitas algo, llámame y vendré enseguida —me aseguró Melissa, y supe que vendría—. Oigan, chicos, todos a casa, mañana tendremos noticias —dijo Melissa, despidiendo a todos con su peculiar estilo—. Bonfim, ¿conduces tú?
—En realidad, vine con Moreno; él fue a la comisaría y me recogió. Pero hay un coche patrulla justo ahí. —Bonfim explicó algo que realmente quería saber: si h