“Flávio”
Sabrina ya había empezado a atormentarme de nuevo; lo de los piojos no la había mantenido alejada por mucho tiempo. Me ponía cada vez más nervioso, no podía resolver nada y cada día sentía que Manu sospechaba más que algo andaba mal.
Pero así son las cosas, no hay nada tan malo que no pueda empeorar. Estaba en la comisaría, acababa de tomar declaración a un detenido y finalizar el acta de arresto, cuando Bonfim entró en mi despacho acompañado del abogado que llevaba mi casi divorcio.
—