"Heitor"
Ese imbécil de Reinaldo ha perdido la cabeza. Ya ni se molesta en fingir ser un padre mínimamente cariñoso con sus hijos. Rodearme en el restaurante fue una osadía increíble.
Volví a la oficina y pedí algo de comer allí mismo, solo para no tener el disgusto de volver a verlo. Mientras comía, llamé a mi cuñado Eduardo y le expliqué lo sucedido. Me aseguró que Reinaldo no se acercaría a Hebe, a los niños ni a mi madre. Luego llamé a mi madre, y me dijo que me calmara y que todo se arregl