Me asombró el placer que Alessandro sentía en mi boca. Chupé y lamí toda su polla hasta dejarla limpia. Me pasé la lengua por los labios. Alessandro me miró como si estuviera borracho, con una hermosa sonrisa. Me pasó el pulgar por la mejilla y me abrazó, susurrándome al oído:
—¡Eres maravillosa! ¡Delicioso! ¡Y tienes una boquita muy tragona! Pero ahora, te quiero tumbada en esta cama. —Me levantó y me colocó en la cama, recorriendo mi cuerpo con las manos, mirándome como si fuera una diosa.
Se