Mientras trabajábamos codo con codo, aproveché para provocar a Alessandro con pequeños toques mientras pasaba papeles, cruzaba las piernas y dejaba que mi vestido se subiera un poco más, sutiles provocaciones. Cada vez que lo tocaba "sin querer", sus ojos me quemaban, como advirtiéndome que no respondería por sí mismo.
En cierto momento, al levantarme para recoger un documento que estaba más lejos, mis pechos rozaron ligeramente su brazo, como si se tratara de un "pequeño accidente". Alessandro