Estaba trabajando desde casa y extrañaba mucho la oficina. Pero tampoco quería dejar a mis hijos todo el día. A media tarde, mi marido me llamó.
-Hola mamá! – dijo alegremente, sujetándose la barbilla con un dedo en la cara, con esa postura que me encantaba.
-Hola papi! ¿Me extrañaste? – Jugué con él.
- ¡Lo siento todo el tiempo! – suspiró Alessandro. – Ángel mío, ¿salimos a cenar hoy? Sólo tú y yo.
- Hmm, qué invitación tan inesperada. ¿A qué se debe?
-El hecho de que quiero pasar tiempo a sol