Luego de despedirnos de todos, Alessandro y yo nos quedamos un rato más en la casa hablando con Jorge quien estaba a cargo de supervisar la finalización del buffet. Se suponía que Alessandro me llevaría a casa, pero recibió un mensaje de John, un empleado en Londres, pidiendo una videollamada urgente.
- Cariño, ¿te importaría acompañarme a la oficina para hacer esta videollamada?
- De ninguna manera. Vamos, todavía es temprano, no es medianoche, todavía no me he convertido en calabaza. – Le son