JAZMIN
Él despertó aferrándose el pecho, los ojos casi se le salen de las cuencas, respiraba con mucha dificultad.
—Gabriel, tranquilo, estás en un lugar seguro.
Entonces y para mi gran sorpresa, él comenzó a llorar, se llevó las manos a los ojos para cubrir avergonzado su solloso lastimero. Algo dentro de mi, quiso acercarse, pues me era demasiado extraño ver a un hombre llorar de esa manera.
Pero el profesor Aguilar se adelantó, se sentó a su lado para consolarlo, mientras me quedé en mi siti