GABRIEL
Tomé a Gabo entre mis manos y lancé un grito de júbilo.
—Al fin mano, por fin tu mami estará con nosotros.
Gabo me clavó las garras en mis brazos.
—¡Hay, cabrón!
Salió de mis manos y se fue a perseguir su bola de cascabel.
Hum, tiene razón.
—Debo terminar con Berenice de una buena vez por todas.
Fui por mi celular y lo encendí.
En las notificaciones tenía cuarenta llamadas perdidas y ciento veinte mensajes.
Na, luego la llamaría.
Llamé a Fer.
—¿Qué quieres?
—Huy, que mal genio.
—¿Por qu