El tiempo pasaba lentamente, y ya solo faltan dos meses para que Hana de a luz. Los dolores en su cabeza aumentan cada día más pero ella trata de soportarlo.
La mansión permanece en una quietud engañosa a la hora de la cena. Las luces suaves iluminan las paredes impecables y los pasos de la ama de llaves resuenan desde la cocina. Hana, a pesar de su avanzado embarazo y el cáncer que se expande cada día, insiste en ayudar a preparar la comida. Su rostro luce cansado, pero su sonrisa es una másca