78. Cuando el cuerpo deja de mentir.
La noche se instala con una calma distinta, más limpia, como si el peso que sostuvo cada uno de mis movimientos durante los últimos días finalmente se hubiera soltado lo suficiente como para permitirme sentir algo más que urgencia, y al cerrar la puerta de casa detrás de nosotros, con Sofi ya dormida en su habitación y Katty recostada en el sillón agotada, el silencio deja de ser presión para convertirse en un espacio real donde todo lo que quedó pendiente empieza a tomar forma.
Camino despacio