53. Lo que ya no se puede ocultar.
La noche avanza sin que ninguno de los dos tenga apuro por romper lo que se instaló entre estas paredes, porque el tiempo adquiere otra forma cuando la distancia deja de ser una opción y cada gesto se vuelve una elección consciente, sostenida, repetida con una claridad que no necesita explicarse.
Me quedo en la oficina de Adrián más tiempo del que cualquier jornada justificaría, sentada primero, luego de pie, luego cerca, siempre dentro de un mismo espacio que parece reducirse cada vez que él d