54. La caída en voz alta.
La mañana empieza con una claridad incómoda, como si todo lo que ayer parecía intenso ahora hubiera tomado una forma más rígida, más visible, y el edificio entero respira con una tensión que se percibe en los pasillos, en las miradas que se sostienen un segundo de más, en los murmullos que se apagan cuando paso cerca.
Entro temprano, con la intención firme de ordenar cada detalle, de revisar cada documento, de encontrar algo que sostenga mi versión antes de que alguien más imponga la suya, y si