185. Ecos detrás de la puerta.
El golpe volvió a repetirse.
Esta vez fue más suave.
Apenas un roce.
Como si alguien hubiera apoyado la mano sobre la madera del segundo piso.
Adrián y yo permanecimos inmóviles en el centro del vestíbulo.
Podía escuchar mi propia respiración.
También la de él.
Ninguno apartaba la vista de la escalera.
La puerta que acababa de cerrarse seguía quieta.
El silencio regresó poco a poco, envolviendo otra vez la casa.
Tragué saliva.
—¿Lo escuchaste igual que yo?
Adrián asintió sin despegar la mirada