114. Tomás otra vez.
El ritmo del día siguiente se instala con una intensidad que no da espacio para distracciones, y desde el momento en que cruzo la puerta de la empresa siento cómo todo se mueve un poco más rápido, como si las piezas que empezaron a encajar ayer ahora exigieran continuidad, precisión, decisiones más firmes.
Camino hacia mi escritorio con paso seguro, sosteniendo esa postura que ya no es esfuerzo sino hábito, y en cuanto me siento, abro la computadora con una concentración que se activa de inmedi