Capítulo ocho.

— ¡Oh Dios Lester Farrow te amo! - Boris arruga la cara frente a mi declaración — ¿Sabes qué? me siento en este momento muy excitada y me encantaría... - recibo un golpe en la cabeza con la almohada de plumas que lanza mi amigo — ¡Hey eso dolió! - le lanzo malos ojos y salgo de la cama para poder platicar con Lester.

— ¡Dios mío, princesa no puedes decirme esas cosas! no mientras aún me encuentro en la casa con mi mujer e hijos - es un amor ¿no creen?

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