Capítulo siete.

 ¡Qué imbécil! Rogers deja de meterte en aguas profundas porque no sabes nadar. Me recrimino con las manos en la cabeza, no dejo de pensar en esa mujer. Y ahora debo sacar de donde sea un gato para que Sheila lo lleva a consulta.

— ¡No, de ninguna manera! no me agradan los gatos - debo lograr que lleve el gato ya que me averguenza el hecho de haber llamado solo porque sí.

— ¡Cariño por favor! seré tu esclavo - me observa con interés, ya tengo su atención

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