Paciencia... es la clave.
Las manos de Alexander, hicieron un recorrido hacia su bajo vientre deteniéndose en su pelvis, allí había una flor que se abría para él, llena de jugos exquisitos, dispuesta a recibirlo con todo el placer que el momento requería.
Se colocó encima de ella y de acuerdo a la urgencia que demandaban sus cuerpos, sus caderas empezaron a moverse rítmicamente, mientras él se introducía dentro de ella con pasión y deseo.
Fueron momentos apasionados y llenos de fuego los que vivieron, mientras se daba