La vida continúa...
Samantha había escogido un traje blanco tipo taller para su reaparición en las empresas, de falda ceñida realzaba su tristeza con un pañuelo de seda gris perla Tado artísticamente en su cuello.
El aire de dama sofisticada no pasó desapercibido para todos los que se encontraban esa mañana allí, al entrar en la oficina que era de Alexander, sintió un vacío en su estómago y corazón que le oprimió por unos instantes, pero respiró profundo y se repuso de su dolor con estoicismo.
Ella sabía que aquel