Me gusta Eliza...
— Si se come bien — dijo Arnold.
La mente de él volaba pensando que podía suceder si Simone descubriera que Samantha estaba precisamente en ese lugar, que alivio que Tony le hubiera dado la oportunidad de trabajar en las oficinas.
Por los momentos no había nada de qué preocuparse, pues difícilmente el personal administrativo deambulaba por las instalaciones donde estaban las mesas.
Ese viernes quedaron en verse a la una de la tarde en el restaurante de Tony Rizzo, ya Arnold había advertido