Perspectiva de Dominic
El silencio en el despacho improvisado de Spencer era tan pesado que casi podía escucharse el zumbido de los procesadores de las tres laptops que Liam tenía abiertas. Casey se había quedado dormida en el sofá, agotada por el llanto, pero Liam no había pegado el ojo. Sus ojos, rojos por el cansancio pero fijos como los de un halcón, analizaron el último reporte médico que había logrado filtrar de la clínica.
—No hay nada, Dominic —dijo Liam, cerrando una pestaña con un gol