Perspectiva de Cloe
El silencio de la biblioteca era un rugido en mis oídos, solo interrumpido por el sonido de nuestra respiración entrecortada y el eco lejano de los violines que llegaba desde el gran salón. Dominic me tenía acorralada contra la pesada puerta de roble, y sus ojos ámbar no buscaban permiso, buscaban rendición.
—Dominic, esto es un suicidio —susurré, sintiendo cómo mis manos, por voluntad propia, se aferraban a las solapas de su esmoquin—. Michelle me dio quince minutos. Si no