Perspectiva de Cloe
El cielo sobre Milán se había teñido de un gris plomizo desde temprano, como si el universo mismo estuviera de luto por la poca decencia que me quedaba. Habíamos acordado vernos en una esquina discreta cerca de los canales de Navigli, lejos de los ojos de los socios de Michelle y de la vigilancia asfixiante de Micaela.
Apenas puse un pie fuera del taxi, las primeras gotas comenzaron a caer, pesadas y frías. No llevaba paraguas; solo mi gabardina beige y un corazón que martil