El plan era arriesgado, pero la adrenalina que recorría mis venas era mejor que cualquier droga. Cassey y yo caminábamos por el pasillo alfombrado del hotel "L’Eclisse", una joya de cinco estrellas cerca del centro. Enzo y su amigo nos seguían el juego, riendo mientras subíamos en el ascensor. Sabíamos perfectamente que, a menos de veinte metros, dos sombras familiares nos seguían con la furia contenida de quienes se creen dueños del mundo.
—¿Crees que sus cabezas van a explotar ahora o cuando