Me paralicé. Mi cuerpo dejó de luchar, mis rodillas temblando ante su presencia. Si no fuera por el agarre de los gorilas, ya hubiera caído al suelo.
Sus ojos azules eran fríos, carentes de empatía, de bondad. Antes, en el pasado, podría haberlos confundido con seriedad, pero ya no. Ahora que sabía su verdadera naturaleza.
Su barba estaba recortada, su cabello blanquecino peinado hacía atrás y su traje de vestir costoso no tenía ni la más mínima arruga.
No sabía dónde estuvo escondido todo es