Antes de que pudiera responder, el vehículo bajó la velocidad.
Ante nosotros, se abrió el portón de la gran mansión Ronchester. La misma mansión donde trabajé en mi adolescencia.
Se supone que esta mansión estaba abandonada. La señora Geraldine ya no vivía ahí desde que Edmundo se fue con todas sus cosas, los empleados fueron despedidos y el interior fue cateado por la policías cuando quisieron interrogarlo como sospechoso hasta que se declaró abandonada físicamente, pero legalmente seguía