Él parecía no entender el problema. O al menos, se hacía el que no entendía.
¿Por qué? ¿Por qué me había mentido durante tanto tiempo? ¿Acaso no confiaba en mí? ¿Acaso creía que no podía manejar la verdad? ¿Pensaba mentirme toda la vida? ¿Ser su esposa, pero que yo solo creyera que era la madre de nuestra hija?
Llegué a una sala de espera vacía. Bancas de plástico, máquinas de café automáticas, un televisor apagado en la esquina. El lugar perfecto para esconderse del mundo y de uno mismo.
Me