Mi mujer, en un Centro de Migración, sin razón alguna. Ella no tenía que estar ahí, legalmente, era mi esposa, la convertía en ciudadana. ¿Quién se había atrevido a meterse con el apellido Ronchester?
—La próxima vez, si algún agente de Migración entra por esa puerta sin una orden, le disparan —Les dije a cada uno de mis guardias—. Traeré a la señora de esta casa. Si vuelven, ya saben que hacer.
Todos afirmaron, tensos.
Me preparé para irme, pero Scott me detuvo, sus pasos insistentes det