—¡Tierra, gloria! —Me arrodillé en la pista, cuando por fin tocamos tierra firme—. ¡Te amo, tierra!
Jamás había volado en mi vida. Nunca. Cuando salí de mi país, fueron muchos días caminando por la frontera, por la selva. Y al salir de la ciudad que me acogió, fue por carretera. Así que los viajes aéreos y marítimos, nunca estuvieron en mi lista de experiencia.
Y sinceramente, tampoco me interesaban. En especial los marítimos. Mi talasofobia no me lo permitiría. Me desmayaría en el acto.