Mis pulmones dejaron de funcionar, mi corazón se detuvo.
Hace un segundo estuve a nada de ser golpeada. Pero como siempre, Connor me rescataba en el momento justo. Él me había prometido que se mantendría cerca de mí sin necesidad de que me diera cuenta y lo había cumplido.
Por instinto, mi mano fue a mi vientre, sintiendo que estaba fuera de peligro.
El rostro de Donovan era un poema. Su boca estaba abierta en una perfecta “O”, sus ojos agrandados y la incredulidad marcada en cada línea de