Podía estar molesta con él, pero no tenía por qué enterarse todo el mundo, así que alisó su vestido, se vio en el espejo y trató de fijarse en el rostro tranquilidad y el semblante de una mujer recién casada feliz y envidiada. Resopló nada femenina y agradeció que Salma estuviera ocupada en el otro extremo de la habitación. Princesa sin desearlo, pero ahora se debía a esa posición. Abrió la puerta y buscó en una de las mesas su bolso de noche.
¿Nos vamos? –preguntó mientras introducía su teléfo