Gabriela despertó primero, estaba toda enredada con León, brazos y piernas hechos un lío, un delicioso lío. Se pegó más si era posible y sintió como él la apretó contra sí.
¿Estás bien? –oyó que preguntaba y ella sintió que su corazón paraba. No quería arrepentimientos, por favor no, rogó.
Sí. Muy bien. –dijo con cautela.
Porque yo no, me has dejado exhausto. –le besó la cabeza mientras reía, ella se relajó de inmediato.
Me alegro.
¿Ah sí?
–aseguró feliz.
Pero creo que ya me recuperé. –aseguró